FESTIVAL DE CINE INDEPENDIENTE. TOULOUSE, FRANCIA

Finalizaba diciembre. Caminábamos con el Perro por las calles de Ituzaingó. Suena el celular. El Perro se transforma, se asombra y casi empieza a saltar de la alegría. ¡Zapada fue invitada a participar en el Festival de Cine Latinoamericano en Toulouse! Lo abrazo. Lo felicito.
-¿Vas a ir?
-No. No me gustan los aviones y tengo que preparar lo del Festival Internacional de Cine Independiente en Buenos Aires, casi para la misma fecha.
-¡Qué cagada! Pero igual esto es muy importante, ¡me alegro por vos y por la peli, Perro!
Esa misma noche empecé a soñar con viajar a Toulouse.
Comenzó el 2000. Los argentinos nos dimos cuenta que en el traspaso había muchos ceros, pero pocos huevos. Jamás imaginé lo que el 2000 tenía deparado para mí.
Enero fue un mes de siembra para cosechar en marzo después de unas merecidas vacaciones en febrero por Mina Clavero donde me desintoxiqué de un 99 con internas y generales que me dejaron destrozado.
4 de marzo. Vuelta a Ituzaingó, al quilombo tan querido. Hay que sacar «La Voz» de la primera quincena de marzo. Escribo en la editorial «cuando el lector tenga esta edición en sus manos, el que suscribe va a estar asistiendo al festival latinoamericano de cine en Toulouse, Francia». Esa tarde voy a Azopardo a iniciar el trámite para mi pasaporte. Me dicen que lo voy a recibir el 25 de marzo. El festival comienza el 20 y Zapada se proyecta el 22. Comienzo a hacer gestiones por intermedio de mis amigos Ana y Coco para lograr tener la libretita antes del 20.

5 de marzo. Empiezo a tratar de cobrar un montón de plata que tengo en la calle desde octubre. Infructuoso. Coco me habla de un par de amigos (Ana y José María), que pueden apurar el pasaporte.

6 de marzo. Caminata con el Perro. Le aviso que voy a Toulouse. Enloquece de alegría. Me pregunta cómo me voy a bancar. Le digo que no sé, que estaba tratando de cobrar una guita y esperando el pasaporte. Se compromete a hablar con los organizadores para avisarles y que me acrediten allá.

7 de marzo. Averiguo el costo del pasaje: 950 dólares ida y vuelta. No es tanta guita, pero después del tercer día de buscar, vuelvo a casa a las 11 de la noche sin resultados concretos.

8 de marzo. Con el Perro por las calles de Ituzaingó. Decido encargar una remera con el afiche de Zapada y la inscripción «De Ituzaingó a Toulouse». El Perro, eufórico. Yo, todavía sin un mango.

9 de marzo. Cobro 200 mangos. Se me rompe la impresora, tengo que terminar un trabajo sí o sí, me gasto los 200 en una nueva. El pasaporte brilla por su ausencia. Coco y Ana me tranquilizan.

10 de marzo. Un cliente me debe 1.500 dólares y me tira a cuenta 400. Voy a la agencia de viajes y dejo una seña por un pasaje para el 21 de marzo a las 19 hs. Era el último que quedaba en ese vuelo y la primer plaza disponible era para el 25 de marzo. Cumple años mi hija y en la fiesta se lo anuncio a mi familia. Mi vieja no entiende nada, pero igual todos se alegran.
-¿Quién te manda a Francia? ¿Te pagan?
-Voy por mi cuenta a representar a Ituzaingó y a la película.

11 de marzo. Faltan 10 días y comienza mi ataque. Se me cierran muchas puertas. Comienzo a buscar la llave que las abra. Me anuncian que hasta el 22 de marzo difícilmente tenga el pasaporte. Cumple años mi vieja. La vienen a visitar a su casa varias amigas que fueron maestras mías de la escuela primaria. Les cuento lo del viaje. Creo que la alegría es por el reencuentro, pero del viaje no entienden nada. De cualquier forma me viene muy bien su aliento.

12 de marzo. Voy a lo de Ana y Coco. Ya no saben a quién tocar por el puto pasaporte. Hablo con Roberto (mi hermano), me ofrece su pasaporte y documento para viajar. Lo estudio. ¡No lo puedo creer! contemplo esa posibilidad tan loca, pero ya a esta altura el viaje es una obsesión.

13 de marzo. Caminata con el Perro. Cada vez hay menos probabilidades de viajar, pero cada vez más sigo este impulso que no se detiene ante nada. Me pagan con un cheque a 30 días. Se lo cambio a Verita. Estoy un cachito más cerca.

14 de marzo. Hablo con la gente de Pizza Banana y me prometen algo de guita a cambio de algunos flashes informativos desde Toulouse con su auspicio, pero me la dan a la vuelta. Ya no busco la llave para abrir puertas que se siguen cerrando... ahora busco dinamita para tirarlas abajo.

15 de marzo. Estoy obsesionado con viajar. En ningún momento soñé ni me imaginé Toulouse. El impulso es por ir, por ir, por ir... Caminata con el Perro, ahora ya convencido que, como sea, Galst va a estar en el Festival.

16 de marzo. Me pagan con un cheque a 60 días. Me lo cambia Lili. Estoy cada vez un cachito más cerca, pero no alcanza.

17 de marzo. Se pone todo muy duro. Me agarra un pequeño bajón. Raquel está ahí para apuntalarme. Me sopapea. Otra vez a empujar. Capricornio no me está haciendo fáciles las cosas... como casi siempre.

18 de marzo. Hago el programa de radio, anunciando que viajo el martes. El pasaporte no aparece y todavía me faltan 400 dólares para el pasaje y algo de guita para el hotel, la comida... Hablo con Roberto y me dice que la Muni me puede ayudar pero cuando vuelva. No aguanto más. Me voy a Azopardo y me avisan que el pasaporte está en OCA de Morón. Le digo que pertenezco a Ituzaingó. Me contesta que lo tienen que reencaminar y que eso demora 5 días. Me agarra un ataque.

19 de marzo. Me junto con Ale y Raquel. Me escuchan, me alientan, me acompañan. Hace 3 días que prácticamente no duermo. Este impulso es tan fuerte que no me deja ni por un segundo analizar si todo esto vale la pena. ¿Dónde está el puto pasaporte?

20 de marzo. 10 de la mañana. Llega el pasaporte. No lo puedo creer. Ya casi estoy en Toulouse. En la Muni me tienen que pagar 300 pesos de una publicidad, me lo prometen para el 21, pero estamos muy encima del viaje. A las 11 de la noche logro cobrar otros 400 pesos.

21 de marzo. El día del viaje. Anoche no dormí nada. Voy a pagar el resto del pasaje a las 10 de la mañana para viajar a las 19. Vuelvo del centro, voy a la Muni. El Secretario de Hacienda está reunido con los concejales, no se lo puede interrumpir. Me cierran el banco. Si no cobro voy a tener que dormir en la estación de trenes de Toulouse. Me cruzo con el Intendente, me pregunta por el viaje (del que ya está enterado medio Ituzaingó), le digo que si no me pagan no viajo. Entra en la oficina del Secretario y a los 2 minutos vuelve con la confirmación que en media hora cobro. ¡Abran cancha! Las calles de Ituzaingó me quedan chicas para llegar a Udaondo. Dejo la ropa y las cosas preparadas para el viaje y me voy a despedir almorzando con Raquel. ¿De qué hablamos? Creo que de Toulouse. Son las 2 de la tarde, tengo un mal pálpito. Llamo a casa.
-Andy, ¿Dany retiró el bolso del zapatero?
-No y ya está cerrado.
-Andy, andá a buscalo a la casa.
-Papá, está durmiendo la siesta...
-Despertalo.
No lo puedo creer. Estoy con todo listo y no tengo un bolso para viajar. Lo puteo a Dany dondequiera que esté.
Sigo almorzando, ahora un poco más histérico. ¡Me voy igual, carajo!
Tomo un remise, paso por casa, me llevo el bolso que Andy pudo rescatar y la arrastro a Raquel (que no lo tenía en sus planes) hasta Ezeiza.
¡Qué parto! Falta 1 hora para que salga el avión. Ya no pienso más en nada. Ni siquiera en lo que me va a deparar Toulouse, después de todo esto. Me dejo ir hasta que veo el cartel que anuncia el viaje 2266. ¡Chau! ¡au revoir!
Del vuelo casi no recuerdo nada. Sé que cené, vi un par de películas, dormí un poco, leí. De repente me encontré en el aeropuerto de Londres. 2 horas caminando por el shopping y tomo el avión que me deja finalmente en Toulouse.

22 de marzo. 19 hs. Aeropuerto de Toulouse. Taxi. Cartelito con la inscripción: 49 rue du Taur. Después de 15 minutos desembocamos en el centro de Toulouse, un pueblo de cuento de hadas. Callecitas angostas adoquinadas, edificios de 3 o 4 pisos, 500 años de historia en cada rincón. Se para el taxi, el chofer se da vuelta y me hace que no con la cabeza. Lo miro con terror. Es mi único punto de referencia en Toulouse y por qué no decirlo, en Europa. El chofer hace un llamado por el celular, continúa unos 50 metros. Veo el cartel «Cinemateque», y respiro. Le pago y me bajo. Trato de ubicarlo a Ricagno que era mi único contacto. Le pregunto a varios de los participantes del Festival. Ricagno no aparece. Me voy a buscar un hotel. Salgo de la Cinemateque y veo a mi izquierda una catedral impresionante y unos metros antes un cartelito conocido y familiar «Hotel». Abro la puerta del Junior y me quedo unos minutos petrificado. El bar del hotel es un lugar que soñé cuando tenía 13 o 14 años (hace ya más de 30) y del que nunca me había acordado. Son unas pocas mesas para nada originales, pero es ESE lugar. Mi idea original era tratar de conocer España, París y otros lugares. La abandono, después de esta clara señal, decido quedarme en Toulouse, y por supuesto, la primer noche en ese hotel durante la cual bajé varias veces a comprobar que mi sueño se había materializado). Salgo a recorrer un poco. Me deslumbro con el Capitolio, la catedral, la iglesia de la rue du Taur con su órgano imponente, la plaza Wilson, los edificios. Como estoy en camino, me voy a ver un documental de Orson Welles al Halle aux Grains que es como el Teatro Colón un poco más chico. Aprovecho para preguntar por Ricagno, pero no aparece. Es mi primer noche y ya hablé con 2 personas que entienden algo de mi castellano.  Fue todo muy fuerte. Me voy a dormir.

23 de marzo. Sigo buscando a Ricagno. No lo encuentro pero descubro que Ana (la hija de Esther, la organizadora) habla en castellano. Me acredito, me da unos tickets para comer y una  credencial para ver las películas gratis. Hablo con Eva y le pido que me averigüe por un hotel barato. Agarra la guía de Toulouse, busca y prácticamente me reserva en el Hotel Gran Balcon. Le pregunto cuánto vale (30 dólares la noche) y voy a llevar mi bolso. Me encuentro con Pablo Trapero, charlamos. A las 18 dan Zapada. Desde que llegué ando con la remera con la reproducción del afiche y la inscripción «de Ituzaingó a Toulouse». Durante la proyección me impresionó muy bien que la gente se enganchara con la película (había gente de todas las edades) y me llamó la atención que se rieran, a veces segundos antes que apareciera el subtitulado en francés (¿no habrá un equivalente a boludo en francés?, porque lo traducían idiot). Me pongo al día con el cine latinoamericano hasta que se hace de noche. Veo con Trapero Cien años de perdón. Coincidimos en que nos estropeó el momento que veníamos disfrutando. Comemos, bebemos. Le sugiero a los organizadores que se pida un minuto de silencio después de las 0 horas, recordando el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. No solamente acceden sino que hacen que yo lo pida y lo traducen para los franceses que están en el lugar. Pasamos un momento muy fuerte. 24 de marzo en el exterior, aunque sabiendo que podemos volver. No como en el 76. Trapero me pide que le cuide sus cosas y se va. Me doy cuenta que la mujer que está sentada al lado de las pertenencias que tenía que cuidar es idéntica a Coquelicot, el personaje de una película que me gustó muchísimo cuando la vi hace 25 años (Rey por inconveniencia) y que recuerdo cada tanto. Me quedo enganchado con esta historia, me acerco, se lo cuento a ella, a su hermana Valva, a su amigo Chema, a Patricia. Nos quedamos charlando hasta las 2 de la mañana. Llamo a Ituzaingó para dar señales de vida.

24 de marzo. Aprendí a decir «bonjour». Voy a un Macdonald, me acerco a un cajero y le señalo el primer menú. Me mira con cara de nada. Le vuelvo a señalar y me hace que no entiende con los hombros y con cara de enojado. Le vuelvo a señalar y me hace que no entiende con los hombros y con cara de enojado. Le vuelvo a señalar y me pregunta ¿big mac?, a lo que le respondo: «más chico». Me entiende «chicken» y me da una hamburguesa de pollo que finalmente estaba bastante buena para el hambre que tenía. Cambio los dólares por f rancos que es la única moneda que te aceptan en Toulouse. Vuelvo a la Cinemateque y me sumerjo en varias películas (venezolanas, argentinas, chilenas, cubanas) hasta que se hace de noche. Cenamos y otra vez el encuentro con el grupo gallego que está con Coquelicot (que a esta altura del partido me entero que se llama Monique). Otra sobremesa encantadora hasta las 2 de la mañana. La llamo a Raquel (son las 22 hora de Ituzaingó) y le explico que estoy alojado en el hotel y la habitación donde estuviera hospedado Antoine de Saint Exupery, el autor de Le Petit Prince (El Principito), antes de su viaje Toulouse-Buenos Aires. Me voy a dormir y realmente SIENTO que no estoy en cualquier habitación.

25 de marzo. Estuve comprando algunos souvenirs para mis hijos y alguna otra personita, para lo cual estuve caminando bastante por las callecitas de Toulouse que son como para enamorarse. No me parece que sea fácil conectar con los franceses. Tarde de Cinemateque. Mundo Grúa de Trapero, cena con las gallegas. Patricia que es docente en la Universidad de Toulouse me propone ir mañana a un curso de español que dicta ella en la Universidad, para hablar sobre la Argentina. Me parece increíble, pero acepto. Me invitan a comer pizza a un restaurante muy pintoresco. Nos echan a las 2 y nos quedamos charlando y matándonos de risa como hasta las 4 apoyados en los autos con 5 grados y bajo una llovizna insoportable, olvidados de Toulouse y del mundo.

26 de marzo. Prácticamente no duermo casi nada. Todas las noches voy escribiendo algo de lo que me pasa y un par de horas después me despierto y salgo a recorrer Toulouse. Al mediodía fui con Patricia a la Universidad. Me mostraron lo que sería la mejor Universidad privada de la Argentina, pero la de aquí es pública. Fuimos al aula y luego de las presentaciones, me puse a hablar de mi país y mi pueblo delante de 70 jóvenes que optaron por el español como idioma complementario. Me preguntaron sobre la dictadura, el rol de la mujer en la sociedad actual, cómo vemos a los franceses, qué sueldos tenemos. Fue una experiencia interesantísima para ambas partes, porque, por supuesto, no hablé desde lo académico que nunca seré, sino desde mi experiencia de vida y como periodista.  En algún momento me di cuenta durante la charla que el panorama que estaba quedando reflejado en los chicos era bastante desolador (aunque real). Ahí salió a relucir en mí la camiseta argentina y traté de explicarles por qué los argentinos amamos nuestro país. Hoy dan Zapada a las 22 y las gallegas me prometieron que la van a ver junto a Chema. A la tarde cine. A la noche Zapada y después a cenar a la casa de Valva y Monique. No había nadie que nos echara, así que estuvimos charlando hasta las 4. Chema se fue a su casa y yo me quedé a dormir allí. Valva se brindó en su charla como si nos conociéramos desde niños y yo hice lo mismo, mientras Monique-Coquelicot cumple de alguna manera con su función de hacer realidad mi sueño-película.

27 de marzo. Almorzamos con Valva y Monique y después, convertida en Coquelicot, Monique me muestra cientos de lugares increíbles de este pueblo de cuento de hadas. Saco 100 fotos. Desembocamos en un lugar mágico: el río La Garonna. Vamos a tomar un café a un lugar muy especial donde me parece que ella entiende lo que significa para mí esa película-sueño. Volvemos con Valva y nos sumergimos en la Cinemateque hasta que se hace la hora de comer en La Carpa. Nos echan a las 2. Nos vamos al Café Florida (muy parecido al Tortoni), media hora más de charla y al hotel a dormir. O por lo menos eso es lo que creí. No sé qué me pasa, pero lloro durante un par de horas de una manera que hacía muchos años no me pasaba.

28 de marzo. A la mañana nos recibe el alcalde de Toulouse en un salón del Capitolio que me hace acordar al Palacio de Versailles. Tarde de cine y de clausura. A la noche fallece la madre de una amiga íntima de Monique y me avisan que mañana no me van a poder ir a despedir, pero que lo hará Chema. Me despido de ellas por teléfono y de Toulouse con una caminata nocturna.
29 de marzo. Anoche no pude casi dormir. Voy a desayunar, cambio los francos que me quedan por libras para hacer alguna comprita en el aeropuerto de Londres. Al mediodía me pasa a buscar Chema por el Capitolio, vamos a comprar a Carrefour, como corresponde, y me hace una comida impresionante: langosta, foie-grass casero (¡la mujer lo va a matar!), vino de Rioja (su lugar de nacimiento y el de las gallegas) y un plato típico francés, con base de ternera, que es una exquisitez. Para finalizar un cognac de puta madre y un puro. Le cuento gran parte de mi experiencia en Toulouse, quedamos en vernos en marzo del 2001 y cuando me quiero acordar faltan 20 minutos para que salga mi vuelo. Subimos en el aire a su auto y llegamos 3 minutos antes que salga. Me despide con un abrazo y un beso que hace mucho tiempo no recibía. ¿Tendré que volver a Ituzaingó?
Tomo el vuelo, hacemos el trasbordo en Londres y a las 9 de la mañana del día 30 de marzo el avión aterriza en Ezeiza. Yo muchísimo después.
Daniel Galst, 2000